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Guía completa sobre los tipos de adicciones y cómo encontrar ayuda

  • hace 3 horas
  • 19 Min. de lectura

Cuando hablamos de los distintos tipos de adicciones, solemos pensar en dos grandes categorías: las que involucran sustancias, como el alcohol o las drogas, y las que no, como la adicción al juego o a internet. Aunque el disparador sea distinto, ambas secuestran los mismos circuitos de recompensa del cerebro, creando una dependencia que, seamos sinceros, es casi imposible de superar sin ayuda profesional.


Qué es una adicción y cómo transforma nuestro cerebro


Para entender de verdad los tipos de adicciones, primero hay que desmontar un mito. La adicción no es una "falta de voluntad" ni un simple mal hábito. Es una enfermedad cerebral, crónica y compleja, pero también tratable. Afecta directamente a la estructura y al funcionamiento del cerebro, sobre todo en las áreas que gestionan la recompensa, la motivación, la memoria y el control de los impulsos.


Piensa en tu cerebro como si tuviera una brújula interna. En condiciones normales, esa brújula te guía hacia cosas que te dan placer y son necesarias para sobrevivir, como comer o conectar con otras personas. Pero cuando aparece una adicción, esa brújula se estropea. La droga o la conducta adictiva la "piratean", haciendo que apunte obsesivamente en una sola dirección, ignorando por completo el destrozo que está causando en tu salud, tus relaciones o tu vida en general.


Sustancias frente a conductas


Esta enfermedad se manifiesta de dos maneras principales, y de ahí surge la primera gran clasificación de las adicciones.


  • Adicciones a sustancias: Aquí, un químico externo (alcohol, cocaína, nicotina...) entra en tu cuerpo y altera directamente la química de tu cerebro. Estas sustancias provocan una liberación masiva de dopamina, el neurotransmisor del placer, creando una euforia tan potente que el cerebro se obsesiona con repetirla a cualquier precio.

  • Adicciones conductuales (o sin sustancia): En este caso, no hay un químico de por medio. Es una actividad concreta —apostar, comprar sin control, perderse en los videojuegos— la que desata esa misma oleada de dopamina. Aunque el origen es un comportamiento, el efecto en el cerebro es increíblemente parecido al de una droga.


La siguiente infografía lo ilustra muy bien.


Diagrama de flujo mostrando los tipos de adicción: sustancias y conductuales, con iconos explicativos.

Como puedes ver, aunque el punto de partida sea diferente —una cápsula para las sustancias y una persona corriendo para las conductas—, ambos caminos llevan al mismo problema de fondo: la adicción.


Esta tabla resume las características clave para diferenciar de forma rápida y visual los dos grandes grupos de adicciones que exploraremos.


Comparativa entre adicciones a sustancias y conductuales


Aspecto clave

Adicciones a sustancias

Adicciones conductuales

Origen

Un químico externo que altera la neuroquímica cerebral.

Una actividad o comportamiento repetitivo.

Ejemplos comunes

Alcohol, cocaína, opiáceos, nicotina, benzodiacepinas.

Juego (ludopatía), internet, compras, sexo, videojuegos.

Tolerancia y abstinencia

Síntomas físicos evidentes (temblores, náuseas, sudoración).

Síntomas principalmente psicológicos (irritabilidad, ansiedad, inquietud).

Detección

Se pueden detectar mediante análisis de sangre u orina.

No se pueden detectar con pruebas biológicas; se basa en la observación del comportamiento.

Percepción social

Mayor estigma social y reconocimiento como enfermedad.

A menudo minimizadas o vistas como "malos hábitos" en lugar de una adicción real.


Aunque las diferencias son importantes para el diagnóstico y el tratamiento, es fundamental recordar que el mecanismo cerebral subyacente y el sufrimiento que causan son muy similares.


La adicción no discrimina entre una botella y una máquina tragaperras. Para el cerebro, el mecanismo de secuestro del circuito de recompensa es el mismo, lo que explica por qué la pérdida de control y la compulsión son características comunes en todos los tipos de adicciones.

Entender esta base neurobiológica es clave, porque nos ayuda a comprender por qué "dejarlo sin más" es una tarea titánica. El cerebro ha sido reprogramado para poner la sustancia o la conducta por encima de todo. Por eso, recalibrar esa brújula rota casi siempre exige el apoyo de un tratamiento profesional y estructurado, que te dé las herramientas necesarias para reconstruir un camino real hacia la recuperación.


Las adicciones a sustancias químicas más comunes


Hablamos de adicciones químicas cuando un compuesto externo entra en nuestro cuerpo y altera directamente el funcionamiento del cerebro. La lista es larguísima, pero hay algunas que, por su frecuencia y poder destructivo, destacan sobre las demás: el alcohol, la cocaína, los opiáceos y las benzodiacepinas. Aunque cada una actúa de forma distinta, todas comparten la misma capacidad para erosionar la salud, romper relaciones y, en definitiva, destrozar la vida de una persona.


Brújula de metal en una tabla de madera, con una red neuronal digital y texto 'BRUJULA ROTA'.

Alcohol: la adicción normalizada


El alcohol es, sin ninguna duda, la droga más aceptada en nuestra cultura. Lo que empieza casi siempre como un consumo social, algo esporádico en fiestas o reuniones, puede convertirse en una dependencia severa casi sin que nos demos cuenta. La línea que separa a un bebedor social de una persona con un trastorno por consumo de alcohol es mucho más fina de lo que la gente cree.


La dependencia se instala cuando el cuerpo y la mente se acostumbran a la presencia constante de alcohol. El cerebro, en un intento de adaptarse, reduce su producción natural de neurotransmisores del bienestar, dejando que sea el alcohol quien haga ese trabajo. Esto crea un círculo vicioso terrible: la persona ya no bebe para sentirse bien, sino para no sentirse horriblemente mal.


Las señales de alarma son tanto físicas como emocionales. Pueden aparecer temblores por la mañana, ansiedad, una irritabilidad constante, insomnio o esa necesidad de beber para "calmar los nervios" o, simplemente, para poder empezar el día. En España, el alcohol sigue siendo un problema de salud pública de primer orden. Los datos oficiales son claros: el 92,9% de la población de 15 a 64 años ha probado el alcohol alguna vez, y un preocupante 6,0% mantiene un consumo de riesgo. Las consecuencias son dramáticas, como las más de 4.400 muertes por enfermedades del hígado registradas en 2024.


El verdadero peligro del alcoholismo no está solo en la cantidad que se bebe, sino en la pérdida total de control. Cuando beber deja de ser una elección para convertirse en una necesidad, la adicción ya ha tomado el mando de la vida, dictando cada decisión, prioridad y rutina.

Existen programas intensivos que ofrecen un retiro terapéutico, un espacio seguro para ayudar a las personas a recuperar su libertad. Si buscas una solución definitiva, puede interesarte saber más sobre cómo funciona un tratamiento para dejar el alcohol.


Cocaína: la trampa de la euforia


A diferencia del alcohol, que es un depresor del sistema nervioso, la cocaína es un estimulante potentísimo. Su consumo provoca una liberación masiva de dopamina, el neurotransmisor del placer, generando una sensación brutal de euforia, energía y confianza en uno mismo. El problema es que este "subidón" es tan breve como intenso, y la caída que le sigue es igual de dramática, pero en sentido contrario.


Este ciclo de euforia y desplome es, precisamente, el motor de la adicción. El cerebro, tras experimentar un placer tan artificialmente alto, pide a gritos repetirlo. El bajón, caracterizado por la apatía, un cansancio extremo y una profunda depresión, empuja a la persona a consumir de nuevo para escapar de ese malestar. Así queda atrapada en un bucle destructivo del que es muy difícil salir.


Pensemos en el caso real de un profesional de éxito que empieza a consumir cocaína para rendir más en el trabajo o para desinhibirse en eventos sociales. Lo que al principio era un "empujón" ocasional, pronto se convierte en una necesidad diaria que devora su dinero, destroza sus relaciones y, finalmente, arruina su carrera.


Opiáceos y benzodiacepinas: la adicción con receta médica


No todas las adicciones a sustancias empiezan en la calle o en una fiesta. A veces, el problema empieza en la consulta del médico. Los opiáceos (como la morfina o el fentanilo) y las benzodiacepinas (como el diazepam o el alprazolam) son fármacos muy potentes que se recetan legalmente para tratar el dolor y la ansiedad. Su gran problema es el altísimo potencial adictivo que tienen.


La dependencia puede aparecer incluso siguiendo al pie de la letra la pauta médica. El cuerpo se acostumbra muy rápido a la sustancia y empieza a necesitar dosis cada vez mayores para conseguir el mismo efecto. Es lo que llamamos tolerancia. Si la persona intenta reducir o dejar el consumo por su cuenta, sufre un síndrome de abstinencia muy severo, tanto físico como psicológico, que hace casi imposible abandonar la sustancia sin ayuda profesional.


  • Riesgo con los opiáceos: Generan una dependencia física y psicológica fortísima. El riesgo de sobredosis mortal es muy alto, especialmente con las variantes sintéticas como el fentanilo.

  • Peligro de las benzodiacepinas: Aunque puedan parecer más inofensivas, su uso prolongado puede causar un deterioro cognitivo importante, problemas de memoria y una dependencia de la que es increíblemente complicado salir.


Estos tipos de adicciones demuestran que el origen del consumo no siempre es la búsqueda de placer, a veces es simplemente un intento de huir del dolor. Pero el resultado final es el mismo: una vida secuestrada por una sustancia química que dicta cada pensamiento y cada acción, lo que subraya la necesidad urgente de tratamientos especializados para romper el ciclo de una vez por todas.


El avance de la adicción a drogas ilegales en España



Dejando a un lado el alcohol o los fármacos recetados, el mapa de los tipos de adicciones en España se vuelve mucho más oscuro cuando hablamos de drogas ilegales. El consumo de sustancias como la cocaína ha dejado de ser un problema marginal para convertirse en un desafío sanitario de primer orden, con consecuencias devastadoras para miles de personas y sus familias.


Los datos más recientes pintan un cuadro, como mínimo, preocupante. La adicción a la cocaína, en concreto, está ganando un terreno alarmante, y las cifras no mienten. El boletín Indicadores clave sobre drogas y adicciones 2026 revela que el 11,8% de los adultos en España consumió drogas ilegales en el último mes de 2025, el porcentaje más alto desde 2013. Yendo al grano, el 0,4% de la población adulta ya sufre un trastorno por consumo de cocaína, un dato que consolida un problema de salud pública en toda regla. Puedes consultar más datos sobre la situación actual de las drogas en España para hacerte una idea de la magnitud del reto.


Este aumento no es solo una estadística en un papel; se refleja en las salas de urgencias y en los centros de tratamiento. Las consecuencias de este consumo se traducen en un pico de ingresos por adicción y, lo que es más trágico, en un número de muertes por sobredosis que no para de crecer.


El camino del "uso social" a la dependencia


Nadie empieza a consumir cocaína pensando en acabar siendo adicto. Casi siempre, la historia empieza con un consumo que se etiqueta como "recreativo" o social. Una forma de aguantar más en una fiesta o de ganar confianza en una reunión. El problema es que el potentísimo efecto estimulante de la cocaína en el cerebro la convierte, sin rodeos, en una de las sustancias más adictivas que existen.


El trastorno por consumo de cocaína es la cara clínica de esta dependencia. Se define por una pérdida total y absoluta del control, donde la persona sigue buscando y consumiendo la droga a pesar de ver con sus propios ojos el desastre que está causando en su vida.


Este trastorno no aparece de un día para otro, es un proceso gradual, pero implacable:


  1. Fase de experimentación: El consumo es puntual, ligado a situaciones concretas. Se percibe como algo que "se controla".

  2. Fase de uso regular: La frecuencia aumenta. La persona empieza a consumir a solas o a buscar activamente excusas para poder hacerlo.

  3. Fase de dependencia: El consumo se vuelve una obsesión. La vida entera gira en torno a conseguir la droga, consumirla y recuperarse de sus efectos, dejando de lado cualquier responsabilidad o relación.


Llegados a esta última etapa, el cerebro ya ha sido secuestrado por la sustancia. La búsqueda de la euforia del principio se transforma en una necesidad desesperada de consumir, no ya para sentirse bien, sino para no sentirse fatal, para evitar el pozo de malestar, depresión y apatía que trae el "bajón".


La adicción a la cocaína convierte la vida en una montaña rusa de subidones artificiales y caídas en picado. La persona pierde la capacidad de disfrutar de las cosas sencillas, porque su cerebro ya solo reacciona al estímulo extremo de la droga.

El impacto en la salud pública y la urgencia de actuar


El aumento del consumo de drogas ilegales tiene un reflejo directo en nuestro sistema sanitario. Solo en 2024, se registraron 1.370 ingresos a tratamiento por adicción a drogas en solo seis de las principales ciudades españolas. Detrás de esta cifra hay personas que han tocado fondo y que buscan, a la desesperada, una salida.


Pero el dato más alarmante es el de los fallecimientos. En ese mismo periodo, 242 personas murieron por una reacción aguda a las drogas en esas mismas ciudades. Cada una de esas muertes es una vida rota y una familia destrozada por una adicción que podría haberse tratado.


Con estas cifras sobre la mesa, es fundamental hablar claro sobre la realidad de estas sustancias. Aprender a reconocer las primeras señales de alarma —cambios de humor bruscos, problemas de dinero sin explicación, aislamiento social— es clave para poder intervenir antes de que sea demasiado tarde.


Superar una adicción tan poderosa como la de la cocaína rara vez es algo que se pueda hacer solo. La desintoxicación y la rehabilitación exigen un entorno profesional y seguro, lejos de los estímulos y las rutinas que alimentan el consumo.


Programas especializados como el Programa Victoria ofrecen precisamente eso: un retiro terapéutico intensivo, diseñado para romper el ciclo de la adicción de raíz. A través de un enfoque estructurado, los participantes aprenden herramientas prácticas basadas en la Terapia Cognitiva para manejar la ansiedad, prevenir recaídas y, en definitiva, reconstruir su vida desde unos cimientos sólidos. Se trata de recuperar la libertad que la droga les quitó.


Adicciones sin sustancia: las epidemias silenciosas del siglo XXI


Cuando pensamos en los distintos tipos de adicciones, casi siempre nos vienen a la cabeza el alcohol o las drogas. Pero en pleno siglo XXI, otras epidemias mucho más silenciosas, aunque igual de destructivas, están ganando terreno: son las adicciones conductuales o sin sustancia.


En estos casos no hay un químico externo que secuestre el cerebro. Es una actividad, un simple comportamiento, lo que activa los mismos circuitos de recompensa y acaba generando una dependencia devastadora. El mecanismo es, sorprendentemente, muy parecido al de las drogas. Actividades como apostar, jugar a videojuegos o comprar compulsivamente inundan el cerebro de dopamina, el neurotransmisor del placer. El cerebro, buscando repetir esa sensación tan intensa, empuja a la persona a repetir el comportamiento una y otra vez, perdiendo por completo el control y dejando de lado todo lo demás.


Ludopatía: la ruleta que se lleva vidas


La ludopatía, o adicción al juego, es uno de los ejemplos más claros y peligrosos. No estamos hablando de disfrutar una partida de cartas con amigos; hablamos de una necesidad incontrolable de apostar que domina cada pensamiento y cada decisión.


La vida de un ludópata se convierte en una auténtica montaña rusa emocional. La emoción de una posible ganancia genera una euforia que engancha, pero las pérdidas, que son la norma, provocan desesperación, ansiedad y culpa. Para escapar de esos sentimientos, la persona vuelve a jugar, creyendo que la próxima apuesta será la que lo solucione todo. Lo único que consigue es hundirse cada vez más en un pozo de deudas y engaños. Si quieres entender mejor este patrón, te recomendamos leer sobre las 8 mentiras más comunes de un ludópata y por qué las dice.


Las señales de alerta no engañan:


  • Preocupación constante por el juego: La persona no para de pensar en apostar, en planificar la próxima vez que podrá hacerlo.

  • Necesidad de apostar cada vez más: Para sentir la misma emoción, necesita arriesgar cantidades de dinero cada vez mayores.

  • Mentiras y ocultación: Miente a familiares y amigos sobre el tiempo y el dinero que dedica al juego.

  • Pérdida de control: Intenta, sin éxito, reducir o dejar el juego por su cuenta.


Internet y videojuegos: el refugio que se convierte en prisión


En una sociedad hiperconectada como la nuestra, usar internet o jugar a videojuegos es lo más normal del mundo. El problema llega cuando esa actividad deja de ser un entretenimiento para convertirse en una compulsión que aísla a la persona del mundo real.


La adicción a internet o a los videojuegos se manifiesta como una necesidad irrefrenable de estar conectado, hasta el punto de descuidar responsabilidades básicas como el trabajo, los estudios o incluso la higiene personal. El mundo virtual, con sus recompensas inmediatas y su falsa sensación de control, se vuelve mucho más atractivo que la realidad.


Un ejemplo claro es el del joven que pasa noches enteras jugando en línea, abandonando sus estudios y perdiendo el contacto con sus amigos de toda la vida. Su vida social se reduce a un chat de voz y su autoestima empieza a depender de sus logros en el juego. Ese aislamiento progresivo va minando su salud mental y sus habilidades sociales, dejándolo atrapado en una prisión digital.


Las adicciones conductuales demuestran que no se necesita una sustancia para perderlo todo. El poder destructivo de un comportamiento compulsivo sobre las finanzas, las relaciones y la salud emocional es igual de real y severo que el de cualquier droga.

Compras y sexo: la búsqueda compulsiva de un alivio fugaz


Otras adicciones conductuales muy extendidas son la adicción a las compras (oniomanía) y la adicción al sexo. En ambos casos, la persona utiliza el comportamiento como una forma de gestionar emociones negativas como la ansiedad, la soledad o el estrés.


  • Adicción a las compras: La persona compra de forma impulsiva, no por necesidad, sino para experimentar un alivio emocional que dura apenas unos instantes. Esto suele acarrear graves problemas económicos, deudas imposibles de pagar y un sentimiento de culpa y vergüenza que, paradójicamente, le impulsa a comprar de nuevo.

  • Adicción al sexo: Se caracteriza por pensamientos y comportamientos sexuales recurrentes e intensos que la persona es incapaz de controlar. Estos actos no buscan la intimidad, sino calmar una ansiedad interna, lo que a menudo destroza las relaciones de pareja y la autoestima.


Estas adicciones comportamentales están en pleno auge en España, donde casi 5.000 personas buscan tratamiento cada año. Aunque el juego problemático en adultos parece haberse estabilizado en torno al 1,2%, el uso compulsivo de internet y los videojuegos sigue siendo una preocupación enorme, con un impacto tan devastador como el de las adicciones químicas.


A primera vista, estos tipos de adicciones sin sustancia pueden parecer menos graves, pero son igual de peligrosas. Destruyen familias, arruinan carreras profesionales y vacían las vidas de sentido. Por eso, el único camino posible hacia la recuperación es reconocerlas como lo que son —enfermedades cerebrales— y buscar tratamiento profesional y urgente.


Factores de riesgo y señales de alarma que no debes ignorar


Nadie elige ser adicto. Probar una sustancia o dejarse llevar por un comportamiento no es una sentencia automática. Que alguien desarrolle uno de los distintos tipos de adicciones depende de una compleja red de factores que, al entrelazarse, nos hacen más vulnerables. Entender esto no es buscar culpables, sino comprender qué está pasando y, sobre todo, poder actuar a tiempo.


Persona sentada en un sofá jugando videojuegos en una pantalla grande, con bolsas de compra y el texto 'EPIDEMIAS SILENCIOSAS'.

¿Por qué unas personas desarrollan una adicción y otras no?


Pensemos que la adicción es como una planta venenosa. Para que crezca, necesita una combinación muy concreta: las "semillas" (nuestra genética), un "terreno" fértil (nuestra salud mental) y el "clima" adecuado (el entorno que nos rodea). Cuando estos tres elementos se alinean, el riesgo se multiplica.


  • Predisposición genética: Hay una base biológica que no podemos negar. Si en tu familia hay un historial de adicciones, tu predisposición es mayor. No es una condena, pero sí un factor de vulnerabilidad que hay que tener muy presente.

  • Salud mental coexistente: Muchas veces, la adicción es un intento desesperado de "automedicar" un dolor emocional que no se sabe gestionar. Problemas como la ansiedad, la depresión, el estrés postraumático o un TDAH sin diagnosticar preparan el terreno para que un consumo o una conducta compulsiva se conviertan en una válvula de escape.

  • Traumas y heridas del pasado: Las experiencias traumáticas, sobre todo en la infancia, dejan cicatrices emocionales muy profundas. La adicción puede aparecer como un mecanismo para anestesiar ese dolor o para huir de recuerdos que nos resultan insoportables.

  • Entorno social y presión de grupo: El ambiente en el que vivimos y nos movemos es clave. Un entorno donde el consumo de drogas está normalizado o se fomenta una cultura del exceso ejerce una presión que, especialmente en la adolescencia, puede ser muy difícil de manejar.


La adicción no es una elección moral ni una falta de voluntad. Es el resultado de una tormenta perfecta donde la biología, la psicología y el entorno de una persona se confabulan en su contra.

Las señales de alarma que no puedes pasar por alto


Saber reconocer las primeras señales de una adicción es fundamental para poder intervenir antes de que el problema se enquiste. Estas alertas son universales y se aplican a casi todos los tipos de adicciones, da igual si son a sustancias o a comportamientos. Presta mucha atención si observas varios de estos cambios en ti o en alguien cercano:


  • Cambios de humor drásticos e irritabilidad: La persona salta de la euforia a la apatía o la ira sin un motivo claro. Su estado de ánimo parece depender por completo de si ha podido consumir o llevar a cabo esa conducta.

  • Aislamiento social progresivo: Poco a poco, se aleja de amigos y familiares que no comparten su hábito. Deja de lado aficiones y actividades que antes le llenaban para dedicar toda su energía y tiempo a la adicción.

  • Negligencia de responsabilidades: El rendimiento en el trabajo o en los estudios cae en picado. Se descuidan las obligaciones familiares e incluso la higiene personal más básica.

  • Mentiras y secretismo: Oculta cuánto dinero gasta, el tiempo que dedica a su conducta o la frecuencia con la que consume. Se pone a la defensiva y se vuelve evasivo si le preguntas sobre el tema.

  • Problemas económicos sin explicación: Falta dinero en casa, pide préstamos constantemente o vende objetos de valor sin una razón lógica. Las deudas empiezan a acumularse a un ritmo alarmante.

  • Cambios físicos y en la salud: Según la adicción, pueden aparecer síntomas como una pérdida o aumento de peso injustificado, insomnio, un aspecto descuidado, ojos enrojecidos o problemas de salud que antes no existían.


Identificar estas señales no es para juzgar, sino para actuar. Son la llamada de auxilio de una persona cuya "brújula interna" ha sido secuestrada por la adicción. El siguiente paso, y el más valiente, es buscar ayuda profesional para empezar a trazar un camino de vuelta a la libertad.


El camino hacia la recuperación: cómo encontrar ayuda profesional


Dar el paso y reconocer que necesitas ayuda es, sin duda, el gesto más valiente y, a la vez, el más difícil de todo el proceso para superar una adicción. Esta última parte de nuestra guía está dedicada a la esperanza y, sobre todo, a la acción. Es una hoja de ruta para quienes están listos para reclamar su vida.


Superar una adicción no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad. Es una cuestión de estrategia, de tener las herramientas correctas y el apoyo adecuado. Igual que no se te ocurriría tratarte una fractura en casa, una adicción —que es una enfermedad cerebral— necesita la intervención de profesionales cualificados.


El diagnóstico profesional: el verdadero punto de partida


El primer paso, y es innegociable, es conseguir un diagnóstico profesional. Un especialista en adicciones sabe evaluar la situación de manera objetiva, detectar si hay otros trastornos mentales que coexisten (lo que llamamos patología dual) y, a partir de ahí, trazar un plan de tratamiento hecho a medida.


Este diagnóstico es clave porque, de repente, el problema tiene nombre y deja de ser una fuente de culpa y vergüenza. Aporta una claridad inmensa tanto a la persona que sufre como a su familia, y establece un punto de partida firme. Sin un mapa claro, es muy fácil perderse en el camino.


Opciones de tratamiento para los distintos tipos de adicciones


Una vez tienes el diagnóstico en la mano, se abre un abanico de posibilidades. No existe una solución única que funcione para todos; la elección correcta dependerá de la gravedad del problema, del tipo de sustancia o conducta y de las circunstancias de cada uno.


Las opciones más habituales son:


  • Terapias ambulatorias: Consisten en ir a sesiones de terapia, ya sean individuales o en grupo, de forma regular, pero sin tener que parar tu vida diaria. Funcionan bien para casos menos severos o como un seguimiento después de un tratamiento más intenso.

  • Centros de día: Ofrecen un programa muy estructurado durante el día, pero te permiten volver a casa a dormir. Es un buen punto intermedio entre el tratamiento ambulatorio y uno residencial.

  • Programas residenciales intensivos: También conocidos como centros de ingreso. Te proporcionan un entorno seguro, controlado y libre de tentaciones las 24 horas del día. Son la opción más efectiva para adicciones graves, porque te permiten sumergirte de lleno en la recuperación.


La elección del tratamiento no es algo que deba tomarse a la ligera. Es fundamental buscar un centro que trabaje con un enfoque basado en la evidencia científica, con un equipo de profesionales de distintas disciplinas y que ofrezca un plan de seguimiento a largo plazo.

Si quieres entender mejor cómo tomar esta decisión, puedes echar un vistazo a nuestra guía sobre cómo elegir un centro de desintoxicación privado y empezar a vivir de nuevo.


Programa Victoria: una solución concentrada y eficaz


Para esas personas que necesitan un cambio radical, un auténtico reseteo, los programas residenciales intensivos como el Programa Victoria ofrecen una solución tremendamente efectiva. La idea es muy sencilla: alejar a la persona de su entorno habitual, que suele estar cargado de detonantes y tentaciones, para que pueda centrarse al 100% en su recuperación.


El modelo del Programa Victoria se apoya en tres pilares que garantizan un abordaje completo y que perdura en el tiempo.


  1. Un retiro terapéutico de 10 días: Durante este tiempo, los participantes se sumergen en un itinerario muy estructurado, en un entorno tranquilo y seguro. Este retiro intensivo permite cortar de raíz con los patrones de consumo y empezar a aprender las herramientas básicas para una nueva vida.

  2. Atención en grupos muy reducidos: El trabajo se hace en grupos de un máximo de ocho personas. Este formato no solo garantiza una atención muy personalizada, sino que también crea un ambiente de confianza y apoyo mutuo, donde cada uno se siente escuchado y comprendido de verdad.

  3. Un año de seguimiento post-tratamiento: La recuperación no se acaba cuando termina el retiro. El Programa Victoria ofrece un año entero de acompañamiento para ayudar a consolidar los nuevos hábitos, a afrontar las situaciones de riesgo en la vida real y, sobre todo, a prevenir recaídas.


Durante el retiro, los participantes aprenden herramientas muy prácticas, basadas en la Terapia Cognitiva, para identificar y cambiar los pensamientos y creencias que alimentan la adicción. Se trabaja a fondo la prevención de recaídas, creando un plan de acción a medida para que cada persona sepa exactamente cómo reaccionar ante los desafíos que vendrán.


El papel crucial del apoyo a las familias


Una adicción nunca es un problema de una sola persona; sus ondas expansivas tocan a toda la familia. Los seres queridos a menudo sufren en silencio, cargando con un peso enorme de culpa, miedo y agotamiento emocional. Por eso, un buen programa de recuperación tiene que incluir, sí o sí, un apoyo específico para las familias.


El entorno familiar puede convertirse en el mejor aliado para la recuperación, pero solo si tiene la información y las herramientas adecuadas. Aprender a poner límites sanos, a comunicarse sin reproches y a dejar atrás los roles de codependencia es fundamental para construir un sistema de apoyo que realmente funcione.


En definitiva, empezar el camino hacia la recuperación es una decisión que te cambia la vida. Aunque ahora mismo pueda parecer un reto inmenso, existen recursos profesionales, programas estructurados y toda una red de apoyo lista para ayudar. La esperanza no solo es posible, es el motor que impulsa la verdadera transformación.


Preguntas frecuentes sobre los tipos de adicciones


Sala de terapia acogedora con ventana, dos sillas y mesas, y texto 'Camino a la Recuperación'.

Para cerrar, vamos a abordar algunas de las dudas que surgen con más frecuencia cuando hablamos de adicciones. La idea es dar respuestas directas y claras que te ayuden a entender mejor esta realidad tan compleja y, sobre todo, a saber cómo actuar.


¿Una persona puede tener varios tipos de adicciones a la vez?


Sí, y de hecho es bastante común. A esta situación la llamamos patología dual o trastornos concurrentes. Ocurre cuando alguien que lucha, por ejemplo, contra el alcoholismo, también desarrolla una adicción sin sustancia, como la ludopatía, o convive con un problema de salud mental como la ansiedad o la depresión.


Es como si el cerebro, al intentar compensar un desequilibrio, buscara un "escape" en varios sitios a la vez. Por eso es vital que cualquier tratamiento aborde todos los frentes de forma integral. Si se deja una adicción sin tratar, es muy probable que termine saboteando la recuperación de la otra.


La patología dual no son dos problemas separados, sino un único problema complejo que se manifiesta de varias formas. Un enfoque terapéutico que no entienda esta conexión está destinado a fracasar a largo plazo.

¿Cuál es el primer paso para ayudar a un familiar con una adicción?


El primer paso, y el más importante, es buscar información y apoyo para ti. Antes de plantarte delante de tu ser querido, es fundamental que entiendas qué es esta enfermedad y cómo te está afectando a ti y al resto de la familia.


Hablar con un profesional te dará herramientas para manejar la situación sin hundirte en la culpa o caer en la codependencia. El objetivo es preparar el terreno para tener una conversación sincera, sin juicios, en la que puedas expresar tu preocupación y proponerle buscar ayuda profesional juntos, con opciones concretas sobre la mesa.


¿La recuperación de una adicción es para toda la vida?


La recuperación es un camino a largo plazo, un cambio profundo en el estilo de vida. Aunque la fase más intensiva de un tratamiento tiene un principio y un fin, mantenerse sobrio o tener el control sobre una conducta adictiva exige un compromiso constante.


La adicción se considera una enfermedad crónica, como la diabetes o la hipertensión. No se "cura" en el sentido tradicional, pero se puede gestionar con éxito. Con las herramientas adecuadas, un buen plan para prevenir recaídas y una red de apoyo sólida, es totalmente posible vivir una vida plena y libre de la adicción.



Si tú o alguien que conoces está lidiando con una adicción, el primer paso es pedir ayuda profesional. En Programa Victoria, ofrecemos un retiro terapéutico intensivo y un seguimiento anual para darte las herramientas que necesitas para recuperar tu libertad. No estás solo en esto. Descubre cómo podemos ayudarte en https://www.programavictoria.com.


 
 
 

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