top of page

Técnicas de relajación para la ansiedad que funcionan (y puedes usar hoy)

  • 14 feb
  • 17 Min. de lectura

Las técnicas de relajación para la ansiedad son, en esencia, estrategias prácticas que nos ayudan a desactivar esa respuesta de "lucha o huida" que se dispara en nuestro cuerpo. Piensa en ellas como un interruptor manual que calma el sistema nervioso, suelta la tensión de los músculos y despeja la mente. Ofrecen un alivio que puedes sentir casi al momento, pero también son una herramienta potentísima para manejar la ansiedad a largo plazo.


Por qué la relajación es tu mejor aliada contra la ansiedad


Persona relajada con ojos cerrados, apoyada en la pared junto a una ventana. El texto dice 'MODO DESCANSO'.

La ansiedad se siente a menudo como un motor interno que nunca se apaga. Es esa corriente constante de tensión que mantiene tu cuerpo y tu mente en un estado de alerta perpetua. Y no, no es solo una idea en tu cabeza; es una respuesta fisiológica muy real.


Cuando percibimos una amenaza, ya sea un peligro real o algo que solo imaginamos, nuestro sistema nervioso simpático se activa, desencadenando la famosa respuesta de "lucha o huida". De repente, el corazón se acelera, los músculos se tensan y la respiración se vuelve corta y superficial. El cuerpo está preparado para la acción, pero si no hay un peligro físico al que enfrentarse, toda esa energía se queda atrapada, generando un profundo malestar.


El interruptor biológico que necesitas conocer


Aquí es donde las técnicas de relajación entran en juego. Actúan como ese interruptor manual para apagar la alarma. Al practicar la respiración profunda o la relajación muscular, estás activando deliberadamente el sistema nervioso parasimpático, que es el responsable de la respuesta de "descanso y digestión".


Esta activación consciente provoca justo los efectos contrarios a los de la ansiedad:


  • Disminuye tu ritmo cardíaco y tu presión arterial.

  • Relaja la tensión muscular que llevas acumulada.

  • Mejora la oxigenación de tu cerebro, lo que te permite pensar con más claridad.


En pocas palabras, es aprender a comunicarte con tu cuerpo en su propio idioma para decirle que el peligro ha pasado y que puede volver a un estado de equilibrio.


Ansiedad en España, un desafío creciente


La magnitud de este desafío en España es considerable. Según el informe 'Salud mental en datos' del Ministerio de Sanidad, el trastorno de ansiedad es el problema de salud mental más frecuente en atención primaria, llegando a afectar al 6,7 % de la población. A esto se suma que el XII Barómetro de las Familias indica que el 25 % de los hogares consume ansiolíticos, lo que pone de manifiesto una creciente dependencia de soluciones farmacológicas.


La relajación no es la ausencia de actividad, sino la presencia de calma. No se trata de vaciar la mente, sino de darle un punto de anclaje para que deje de divagar sin control.

Para quienes luchan contra una adicción, dominar estas herramientas es aún más crucial. La ansiedad y el craving (ese deseo intenso de consumir) suelen ir de la mano. La capacidad de calmar el cuerpo y la mente se convierte en una estrategia de primera línea para prevenir recaídas, un pilar fundamental en programas de recuperación como el nuestro, el Programa Victoria. La conexión es tan estrecha que abordarlas conjuntamente es clave, como ya exploramos en nuestro artículo sobre la relación entre ansiedad, depresión y alcohol.


Guía rápida de técnicas y su aplicación


Esta tabla te ofrece un vistazo rápido a las técnicas que exploraremos, su enfoque y en qué momentos pueden ser más útiles para ti.


Técnica de Relajación

Enfoque Principal

Ideal Para

Respiración Diafragmática

Físico (respiración)

Ataques de pánico, momentos de estrés agudo.

Relajación Muscular Progresiva

Físico (tensión muscular)

Tensión corporal crónica, dificultad para dormir.

Respiración 4-4-4 (Caja)

Cognitivo y Físico

Centrar la mente, regular el ritmo cardíaco.

Visualización Guiada

Mental (imaginación)

Reducir la preocupación, prepararse para eventos estresantes.

Mindfulness y Grounding

Sensorial (presente)

Sentimientos de disociación, pensamientos rumiativos.


Cada una de estas herramientas tiene su momento y su lugar, y aprender a usarlas te dará un control que quizás pensabas que habías perdido.


A lo largo de esta guía, te presentaremos un arsenal de métodos prácticos y accesibles que podrás empezar a usar desde hoy mismo. Si quieres profundizar en otras metodologías que han demostrado ser muy eficaces, puedes explorar este artículo sobre las mejores técnicas de relajación para el estrés y la ansiedad.


Domina tu respiración y calma la ansiedad al instante


Hombre sentado con la mano en el pecho, practicando respiración diafragmática para la relajación.

Cuando la ansiedad aprieta, tu recurso más inmediato y potente es tu propia respiración. Es un ancla fisiológica, una herramienta capaz de enviarle una señal directa a tu sistema nervioso para que baje las revoluciones. ¿Qué ocurre cuando nos sentimos ansiosos? Casi sin darnos cuenta, empezamos a respirar de forma superficial y acelerada, lo que, paradójicamente, solo alimenta la sensación de pánico.


Aprender a manejar conscientemente tu respiración es como tener un interruptor para resetear tu estado emocional. No necesitas nada especial y puedes practicarlo donde sea. Vamos a ver dos de las técnicas de relajación para la ansiedad más efectivas, basadas en algo tan simple y a la vez tan poderoso como es respirar.


Respiración diafragmática o abdominal


Esta técnica es el pilar del control respiratorio. Se trata de usar el diafragma, ese gran músculo que tenemos bajo los pulmones, para respirar de una forma mucho más profunda y eficaz. La respiración superficial, la que se concentra en el pecho, es la típica del estrés. La diafragmática, en cambio, es la que nos calma.


Para ponerla en práctica:


  • Busca una postura cómoda. Puedes sentarte con la espalda recta o tumbarte boca arriba.

  • Pon una mano sobre el abdomen y la otra en el pecho. Esto te servirá de guía para sentir el movimiento.

  • Inhala lentamente por la nariz. Intenta llevar el aire hacia la parte baja de los pulmones. Notarás cómo tu abdomen se hincha y la mano que tienes sobre él se eleva. La mano del pecho apenas debería moverse.

  • Exhala despacio por la boca. Siente cómo tu abdomen se desinfla mientras sueltas el aire.


Un momento ideal para empezar es justo antes de dormir. Con dedicarle solo cinco minutos, puedes calmar la mente y preparar el cuerpo para un buen descanso, algo que ayuda muchísimo a quienes sufren de ansiedad nocturna.


Esto no es solo un ejercicio, es una reeducación. Le estás enseñando a tu cuerpo a recuperar su patrón de respiración natural y relajado, un estado que el estrés crónico nos ha hecho olvidar.

Respiración cuadrada o de caja


La respiración cuadrada, que a veces se conoce como "respiración 4-4-4", es una técnica rítmica que viene de perlas en momentos de estrés agudo o cuando sientes que el pánico asoma. Su estructura simétrica te da un foco mental claro que ayuda a cortar de raíz los bucles de pensamientos ansiosos.


El método es muy fácil de recordar:


  1. Inhala por la nariz mientras cuentas mentalmente hasta cuatro.

  2. Aguanta la respiración, contando de nuevo hasta cuatro.

  3. Exhala lentamente por la boca durante otros cuatro segundos.

  4. Mantén los pulmones vacíos contando hasta cuatro antes de volver a empezar.


Imagina que estás dibujando un cuadrado con tu aliento: cada lado es una fase de cuatro segundos.


Este ejercicio es perfecto para usarlo de forma discreta en situaciones que te pongan nervioso. Por ejemplo, si tienes una reunión importante, puedes practicarla un par de minutos antes de entrar. Te ayudará a bajar las pulsaciones y a sentirte más centrado y con el control.


La evidencia lo confirma


El poder de la respiración no es una creencia de la nueva era; tiene un sólido respaldo científico. Su impacto en el tratamiento de la ansiedad está más que documentado.


De hecho, un estudio muy relevante realizado en España en 2014 mostró que el control de la respiración es la técnica de relajación más usada en entornos clínicos, aplicándose en el 72,3 % de los casos. Su papel fue aún más protagonista en trastornos de ansiedad, donde se empleó en un impresionante 87,8 % de las intervenciones. Los resultados hablan por sí solos: el 74,3 % de los pacientes que aprendieron estas técnicas recibieron el alta terapéutica, frente a solo el 25,7 % de los que no las utilizaron. Y hay más: el control de la respiración se asoció directamente con más de la mitad (53,1 %) de todas las altas exitosas. Si te interesa, puedes conocer los hallazgos completos del estudio aquí.


Estos datos demuestran que dominar estas técnicas no es un simple parche. Es una habilidad terapéutica fundamental que puede cambiar por completo el rumbo de tu recuperación. Incorporar apenas cinco minutos diarios de práctica consciente puede marcar una diferencia enorme en tu respuesta general al estrés.


Libera la tensión acumulada en tu cuerpo


Una persona joven relajándose boca arriba sobre una esterilla de yoga azul, con texto de 'RELAJACIÓN MUSCULAR'.

La ansiedad no es solo una tormenta de pensamientos, es una fuerza física que se instala en el cuerpo. Se aferra a los hombros, tensa la mandíbula y anuda los músculos de la espalda. Muchas veces, ni siquiera nos damos cuenta de cuánta tensión acumulamos hasta que el dolor o el agotamiento nos lo recuerdan.


Esta tensión muscular crónica es una de las caras más comunes y agotadoras de la ansiedad. Para combatirla, necesitamos técnicas que vayan más allá de la mente y se centren directamente en el cuerpo. Dos de las más potentes y directas son la Relajación Muscular Progresiva y el grounding.


Relajación Muscular Progresiva: una técnica para soltar


Desarrollada por el médico Edmund Jacobson a principios del siglo XX, la Relajación Muscular Progresiva (RMP) es un método increíblemente sencillo pero muy potente. Parte de una idea fundamental: no puedes estar físicamente relajado y mentalmente ansioso al mismo tiempo.


La técnica es muy intuitiva. Consiste en tensar de forma deliberada un grupo muscular durante unos segundos para luego soltarlo de golpe y concentrarte en la sensación de alivio que aparece. Este contraste tan marcado entre tensión y liberación te hace mucho más consciente de dónde guardas el estrés en tu cuerpo.


Para empezar, busca un lugar tranquilo donde puedas sentarte o tumbarte sin interrupciones. Cierra los ojos y prueba esta secuencia:


  • Manos y brazos: Aprieta los puños con fuerza durante 5-7 segundos. Siente la tensión subir por tus antebrazos. Luego, suelta de golpe y percibe cómo el calor y la relajación fluyen hasta la punta de tus dedos.

  • Hombros y cuello: Encoge los hombros, como si quisieras tocarte las orejas. Mantén esa tensión y después déjalos caer de repente, liberando todo el peso que cargas ahí.

  • Rostro: Frunce el ceño, aprieta la mandíbula y cierra los ojos con fuerza. Sostenlo un momento y luego relaja por completo cada músculo de tu cara. Siente cómo se alisa tu frente y se separa ligeramente la mandíbula.

  • Pecho y espalda: Arquea la espalda, intentando juntar los omóplatos. Siente la tensión en la zona alta de la espalda y el pecho. Después, relaja y deja que tu espalda se hunda cómodamente contra la silla o la cama.

  • Piernas y pies: Aprieta los muslos y las pantorrillas, y curva los dedos de los pies hacia abajo. Siente la tensión recorrer tus piernas y, finalmente, suelta. Permite que se sientan pesadas y completamente relajadas.


La clave de esta técnica no está en la fuerza que aplicas al tensar, sino en la atención plena que pones en la sensación de soltar. Es un diálogo directo con tu sistema nervioso para decirle que puede desconectar la señal de alarma.

Un momento ideal para usar esta técnica es justo antes de dormir. Si la ansiedad te mantiene despierto, hacer una ronda completa de RMP en la cama puede disipar esa tensión física que te impide conciliar el sueño.


Grounding para volver al aquí y ahora


Mientras que la RMP se enfoca en la tensión muscular, las técnicas de grounding (o de anclaje) están diseñadas para sacarte de un bucle de pensamientos ansiosos y traerte de vuelta al presente. Son un auténtico salvavidas cuando sientes que tu mente se acelera sin control o estás al borde de un ataque de pánico.


El grounding utiliza tus cinco sentidos para anclarte en la realidad física que te rodea. Al hacerlo, le pones muy difícil a la ansiedad que te arrastre con ella.


Una de las técnicas de grounding más conocidas y fáciles de recordar es el método 5-4-3-2-1.


  • 5 cosas que puedas ver: Mira a tu alrededor y nombra en tu mente cinco objetos, sin juzgarlos. Puede ser una lámpara, un libro, el color de la pared, una mota de polvo, el reflejo en una ventana.

  • 4 cosas que puedas sentir: Presta atención a las sensaciones de tu cuerpo. Nota la tela de tu ropa en la piel, la silla bajo tu peso, la temperatura del aire, la textura de la mesa bajo tus dedos.

  • 3 cosas que puedas oír: Escucha con atención los sonidos de tu entorno, tanto los cercanos como los lejanos. Quizás es el zumbido del ordenador, el tráfico en la calle, el canto de un pájaro.

  • 2 cosas que puedas oler: Intenta identificar dos olores en el ambiente. El aroma del café, el perfume de alguien, el olor de un libro viejo.

  • 1 cosa que puedas saborear: Concéntrate en el sabor que tienes en la boca. Puede ser el rastro de tu última bebida o, simplemente, el sabor neutro de tu saliva.


Este ejercicio obliga a tu cerebro a desviar su atención de las preocupaciones internas hacia la información sensorial externa. Es un cortocircuito para el ciclo de pánico. Resulta increíblemente útil en situaciones públicas donde necesitas recuperar la calma de forma discreta y rápida.


Entrena tu mente para encontrar la calma interior


Así como vamos al gimnasio para soltar la tensión del cuerpo, también podemos (y debemos) entrenar la mente para que deje de ser ese campo de batalla lleno de preocupaciones. Porque seamos sinceros, la ansiedad se alimenta, en gran medida, de nuestros propios pensamientos. Aprender a gestionarlos es una de las técnicas de relajación para la ansiedad más potentes y duraderas que existen.


Estas técnicas mentales nos enseñan a crear una especie de refugio interno, un lugar seguro al que acudir cuando todo se vuelve demasiado ruidoso. La clave no está en suprimir los pensamientos a la fuerza —eso nunca funciona—, sino en aprender a observarlos sin que nos arrastren con ellos. Vamos a ver dos métodos que son especialmente eficaces: la visualización guiada y el mindfulness.


Visualización guiada para crear tu lugar seguro


La visualización guiada es, básicamente, usar el poder de tu imaginación para llevar a tu cuerpo a un estado de calma profunda. ¿Por qué funciona? Porque nuestra mente, a veces, no distingue del todo bien entre una experiencia real y una que imaginamos con mucha intensidad. Así que, cuando evocas un escenario tranquilo y agradable, tu cuerpo reacciona como si de verdad estuvieras allí, activando esa respuesta de relajación que tanto necesitas.


Con esta técnica puedes construirte un "lugar seguro" mental, un santuario al que retirarte en cualquier momento para desconectar del estrés.


Para probarlo, busca una posición cómoda, cierra los ojos e intenta seguir un guion mental como este:


  • Imagina una playa tranquila al atardecer. Siente cómo la arena, todavía cálida por el sol, se amolda a tus pies mientras caminas hacia la orilla.

  • Escucha el sonido de las olas. Fíjate en ese ritmo constante, ese vaivén suave que parece acompañar tu propia respiración.

  • Siente el calor del sol en la piel. Nota cómo esos últimos rayos del día te envuelven en una calidez agradable que va disolviendo la tensión acumulada en tus hombros y tu cuello.

  • Observa los colores del cielo. Mira cómo se mezclan el naranja, el rosa y el morado en el horizonte. No hay nada más que hacer, solo estar ahí, disfrutando de ese espectáculo.

  • Respira el aire salado. Inhala profundo y percibe ese olor a mar, limpio y fresco. Con cada exhalación, dejas ir un poco más de preocupación.


El secreto de una buena visualización está en involucrar todos los sentidos. Cuantos más detalles sensoriales añadas (el tacto de la brisa, el graznido lejano de una gaviota), más real y efectiva será la experiencia.

Mindfulness o atención plena en tu día a día


El mindfulness, o atención plena, es un concepto que a menudo se malinterpreta. Muchos creen que consiste en "poner la mente en blanco", una tarea casi imposible que, irónicamente, suele generar más frustración y ansiedad.


La realidad es justo la contraria. El objetivo es prestar atención plena al momento presente, tal y como es, sin juzgarlo.


Esto implica observar tus pensamientos y emociones (sí, también los de ansiedad) como si fueran nubes que pasan por el cielo. Las ves, las reconoces, pero no te enganchas a ellas. No dejas que te definan ni te arrastren.


Y lo mejor de todo es que no necesitas sentarte en un cojín de meditación durante horas. Puedes integrar el mindfulness en las actividades más mundanas de tu día:


  • Al comer: En lugar de engullir la comida mientras miras el móvil, concéntrate en la experiencia. Saborea cada bocado, nota las texturas, los aromas. ¿Es dulce, salado, crujiente, suave?

  • Al ducharte: Siente la temperatura del agua sobre tu piel, escucha su sonido, huele el aroma del gel. En vez de repasar tu lista de tareas pendientes, ancla tu atención a esas sensaciones físicas.

  • Al caminar: Presta atención al contacto de tus pies con el suelo, al movimiento de tu cuerpo, a los sonidos y las imágenes que te rodean.


Este enfoque es particularmente útil para manejar los pensamientos obsesivos que pueden surgir durante la recuperación de una adicción. Al practicar mindfulness, aprendes a crear un espacio entre el impulso y la acción, dándote la oportunidad de elegir cómo responder en lugar de reaccionar en piloto automático. Este entrenamiento mental es una parte fundamental de la terapia cognitivo-conductual, un pilar para superar adicciones que te enseña precisamente a desmantelar esos patrones de pensamiento dañinos.


Aplica la relajación en tu proceso de recuperación



Si te encuentras en un proceso de recuperación, esta parte es clave para ti. La ansiedad no es solo una sensación incómoda, es uno de los disparadores más potentes de recaídas. Entender las técnicas de relajación para la ansiedad como una defensa activa y consciente puede cambiar radicalmente tu pronóstico.


No se trata de tener un truco bajo la manga para cuando las cosas se pongan feas. La idea es desarrollar un plan de acción estratégico. Estas herramientas son tus aliadas para esos momentos de alta vulnerabilidad que, si no los gestionas, pueden descarrilar todo tu progreso.


Un plan de acción para momentos críticos


La recuperación es un camino lleno de desafíos. La irritabilidad propia de la abstinencia, la intensidad del craving o el miedo a situaciones sociales de riesgo son verdaderos campos de minas emocionales.


Aquí es donde la relajación se convierte en una habilidad práctica y no solo un concepto abstracto.


  • Cuando sientas el craving: En lugar de dejar que ese deseo intenso te arrastre, para en seco. Dedica cinco minutos a una sesión de respiración cuadrada (4-4-4). El ritmo y la concentración te anclan al presente y te dan el espacio mental que necesitas para que el impulso pierda fuerza.

  • Antes de eventos sociales: Si una reunión familiar o una salida con amigos te genera ansiedad por el riesgo de exposición, no vayas sin prepararte. Practica una visualización guiada de 10 minutos antes de salir. Imagínate tranquilo, seguro y manteniendo tus límites. Esto prepara tu mente para el éxito.

  • Para manejar la irritabilidad: La abstinencia puede poner tus nervios a flor de piel. Cuando notes que la irritabilidad sube de tono, recurre a la relajación muscular progresiva. Liberar la tensión física ayuda, y mucho, a disipar la tensión emocional acumulada, evitando conflictos innecesarios.


La relajación no es una forma de escapar de los problemas, sino una herramienta de gestión activa. Te permite afrontar los desafíos de la recuperación con la mente clara y el cuerpo en calma, en lugar de reaccionar desde el impulso o el miedo.

Este enfoque proactivo es un pilar central en programas estructurados como el del Programa Victoria, donde estas técnicas no son un extra, sino parte del núcleo del tratamiento. Se combinan con terapia individual y prevención de recaídas para construir una base sólida y duradera.


Para ayudarte a decidir qué técnica usar, este diagrama distingue si lo que predomina en tu mente son pensamientos recurrentes o emociones intensas.


Diagrama de flujo sobre cómo abordar la mente inquieta, distinguiendo entre pensamientos y emociones, y la práctica de mindfulness.

Como ves, si tu inquietud viene de pensamientos que dan vueltas sin parar, el mindfulness es ideal para observarlos sin engancharte. Si, en cambio, son las emociones abrumadoras las que dominan, la visualización te permite crear un espacio seguro para procesarlas.


A continuación, he preparado una tabla que puede servirte como una especie de "botiquín de primeros auxilios" emocional.


Plan de acción para la recuperación


Disparador / Síntoma

Técnica Recomendada

Objetivo Terapéutico

Craving o deseo intenso de consumir

Respiración cuadrada (4-4-4)

Reducir la impulsividad, anclarse en el presente y dejar pasar el impulso sin actuar.

Ansiedad social antes de un evento

Visualización guiada

Preparar la mente para el éxito, reforzar la autoeficacia y disminuir el miedo anticipatorio.

Irritabilidad o enfado por abstinencia

Relajación muscular progresiva

Liberar tensión física acumulada para reducir la reactividad emocional y prevenir conflictos.

Pensamientos negativos o catastróficos

Mindfulness o atención plena

Observar los pensamientos sin juzgarlos ni identificarse con ellos, rompiendo el ciclo de rumiación.

Sensación de desconexión o disociación

Grounding o enraizamiento

Reconectar con el cuerpo y el entorno inmediato para salir de la mente y recuperar la sensación de seguridad.


Esta tabla es una guía, un punto de partida para que empieces a identificar qué necesitas en cada momento y cómo puedes dártelo a ti mismo de una forma sana.


El papel del acompañamiento profesional


Es fundamental ser claros en este punto: aunque estas técnicas son increíblemente potentes, no sustituyen el trabajo terapéutico profundo con un profesional, sobre todo en las primeras fases de la recuperación. La adicción es una condición compleja con raíces biológicas, psicológicas y sociales.


La relajación te ayuda a gestionar los síntomas; la terapia te ayuda a entender y sanar las causas.


La evidencia científica lo respalda. Un análisis de 2017 en una unidad de salud mental española validó la eficacia de grupos de relajación para trastornos de ansiedad, mostrando reducciones significativas en síntomas con una asistencia promedio de apenas 5.51 sesiones. Por su parte, el Informe SESCyS (2015) revisó estudios donde el entrenamiento autógeno reduce notablemente la ansiedad y la depresión.


Estos datos confirman por qué la relajación es una parte integral del tratamiento de la ansiedad que tan a menudo acompaña a las adicciones. Puedes leer más sobre estos hallazgos aquí.


Dudas habituales sobre las técnicas de relajación


Cuando uno empieza a meter estas técnicas en su rutina, es normal que aparezcan dudas, incluso alguna que otra dificultad. Tranquilo, es parte del camino. Vamos a ver algunas de las preguntas más comunes para que puedas seguir adelante con más seguridad.


¿Qué pasa si me pongo más nervioso al intentar relajarme?


Esto, aunque parezca mentira, le pasa a mucha gente. Tiene hasta un nombre: "ansiedad inducida por la relajación". A veces, al parar y mirar hacia dentro, de repente nos volvemos hiperconscientes de las sensaciones físicas de la ansiedad. Es como si al apagar el ruido de fuera, el de dentro se oyera a todo volumen, y eso puede agobiar al principio.


Si te pasa esto, lo primero es no forzarte. No hay nada malo en ti, simplemente necesitas probar otro enfoque.


  • Busca técnicas más activas: En vez de una meditación pasiva, prueba con el grounding o la relajación muscular progresiva. Son técnicas que te dan algo concreto que hacer (tensar y soltar un músculo, sentir los pies en el suelo, describir un objeto), y eso ayuda a que la mente se distraiga de la propia ansiedad.

  • Empieza con sesiones muy cortas: Nadie te pide que medites 20 minutos el primer día. Prueba con uno o dos minutos, no más. La clave es ir acostumbrando a tu sistema nervioso a estos ratitos de calma de una forma muy, muy gradual.

  • No te pelees con la sensación: Si aparece la ansiedad, obsérvala sin juzgarla. Puedes decirte algo como: "Vale, estoy sintiendo ansiedad. Es solo una sensación y, como ha venido, se irá".


Si esta sensación no se va o es muy fuerte, es importantísimo que lo hables con un psicólogo. Un profesional sabrá decirte qué está pasando y te ayudará a encontrar las herramientas que de verdad te funcionen.


¿Cuánto tiempo necesito para notar que esto funciona?


Los efectos se notan en dos tiempos: el inmediato y el de largo plazo. Hacer una ronda de respiración 4-4-4 puede bajarte las pulsaciones y darte un respiro en cuestión de minutos, un alivio en el momento que vale oro.


Pero el cambio de verdad, el que te ayuda a reducir tu nivel de ansiedad general y te da más control, ese necesita constancia.


Es como ir al gimnasio. No sales con los músculos marcados el primer día, pero si vas con regularidad, el cambio llega y se nota. La constancia es lo que "reprograma" la respuesta de tu cerebro al estrés.

Con una práctica diaria de unos 10 o 15 minutos, la mayoría de la gente empieza a notar una diferencia real y que se mantiene en unas pocas semanas. Empezarás a darte cuenta de qué cosas te disparan la ansiedad y tendrás más recursos para responder con calma en lugar de reaccionar por impulso.


¿Puedo sustituir la terapia o la medicación con estas técnicas?


La respuesta es un no rotundo. Las técnicas de relajación son una herramienta potentísima para el día a día, un complemento clave en cualquier tratamiento, pero no sustituyen el trabajo profesional. Y esto es especialmente importante si tienes un trastorno de ansiedad diagnosticado o estás en un proceso para dejar una adicción.


Piénsalo así: si tu ansiedad fuera una gotera en el techo, las técnicas de relajación son el cubo que pones debajo para que no se inunde el suelo. Son increíblemente útiles para manejar el problema en el momento. Pero la terapia es el fontanero que se sube al tejado, busca el origen de la gotera y la repara de raíz.


Son dos piezas que funcionan mucho mejor juntas. Las técnicas te dan poder para manejar los síntomas en tu día a día, mientras que la terapia te ayuda a entender y sanar las causas. Jamás dejes o cambies una medicación por tu cuenta sin hablarlo antes con tu médico. Si tienes más dudas sobre cómo funciona un proceso terapéutico, puedes echar un vistazo a nuestras preguntas y respuestas sobre el programa.



En Programa Victoria, integramos estas herramientas como parte de un enfoque completo y personalizado para la recuperación. Si estás buscando un camino estructurado y con apoyo profesional para superar una adicción, te invitamos a conocer nuestro programa. Visita https://www.programavictoria.com para obtener más información.


 
 
 

Comentarios


Featured Posts
Aún no hay ninguna entrada publicada en este idioma
Una vez que se publiquen entradas, las verás aquí.
Recent Posts
Search By Tags
Follow Us
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • Google Classic
bottom of page