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La adicción que se esconde tras la ansiedad y la depresión: guía clínica para profesionales sanitarios

  • hace 11 minutos
  • 5 min de lectura

El paciente que llega a consulta pidiendo ayuda para su ansiedad o su bajo estado de ánimo puede estar atravesando, sin saberlo, un problema de consumo de alcohol u otras drogas. No lo verbaliza porque no lo relaciona con su malestar. San L. y Arranz B. (2016, Adicciones) lo llaman patología dual: la coexistencia de un trastorno por uso de sustancias con otro diagnóstico psiquiátrico. Distinguir cuál de los dos cuadros es la causa y cuál la consecuencia cambia el orden de tratamiento y el pronóstico del paciente.


Paciente atendido en una consuta médica
Paciente atendido en una consuta médica

La comorbilidad entre adicción y salud mental es la norma, no la excepción

Fernández-Miranda et al. (2021, Adicciones) analizaron a 1.783 personas en tratamiento en distintas comunidades autónomas españolas y encontraron que el 71% de los pacientes tratados por adicciones presenta otro trastorno mental. En sentido inverso, el 68,9% de los pacientes atendidos en salud mental presenta un trastorno por uso de sustancias. La mitad de esa muestra, excluyendo el tabaco, mantiene consumo activo mientras recibe tratamiento.

El mismo estudio identifica patrones específicos: los trastornos de ansiedad se asocian al consumo de cannabis, y los trastornos afectivos al consumo de cocaína. Los datos sobre ansiedad y depresión en concreto no están desagregados con el mismo nivel de detalle que otras comorbilidades, así que conviene tomar esa asociación como orientativa y no como regla diagnóstica.

El problema no es solo clínico, también es asistencial. San L. y Arranz B. señalan que estos pacientes "no suelen ser atendidos de forma integral en ninguna de las dos redes asistenciales", ni en salud mental ni en adicciones. Quedan en tierra de nadie entre dos circuitos que rara vez se coordinan.


Qué apareció primero: el consumo o el trastorno

Programa Victoria plantea el dilema con claridad: no siempre se puede determinar si la persona bebe porque tiene problemas o si tiene esos problemas porque bebe. La relación entre alcohol y depresión es bidireccional. La depresión puede llevar a automedicarse con alcohol, y el consumo crónico altera la química cerebral hasta provocar o agravar el propio cuadro depresivo.

Programa Victoria describe este efecto con una metáfora que resulta útil para explicarle al paciente lo que le está pasando: "Es como pedir un préstamo de felicidad a un usurero". El alivio inicial se paga después con intereses, en forma de un ánimo todavía más bajo.

Mientras el consumo continúa, es clínicamente difícil separar un trastorno depresivo o ansioso genuino de los síntomas que induce la propia sustancia. Cualquier evaluación psiquiátrica hecha sobre un paciente que sigue bebiendo o consumiendo corre el riesgo de diagnosticar el efecto de la sustancia como si fuera la enfermedad de base.


Señales en consulta que apuntan a un consumo no declarado

Programa Victoria recomienda prestar atención a señales sutiles: cambios de humor, irritabilidad y ansiedad sin causa aparente que el propio paciente no relaciona con su consumo. La demanda explícita ("vengo por la ansiedad") puede desviar la atención del origen real del malestar si se acepta sin explorar más.

Las preguntas abiertas funcionan mejor que las preguntas cerradas sobre cantidad o frecuencia de consumo. Una pregunta como "¿ha notado algún cambio en cómo se siente?" invita a la autoexploración sin generar la reacción defensiva que provoca sentirse acusado.

Confrontar o juzgar cierra la puerta a que el paciente vuelva a hablar del tema. Construir confianza, garantizar confidencialidad y respetar la privacidad son condiciones previas para que el paciente se atreva a nombrar lo que está ocultando, incluso a sí mismo.


Los riesgos de mezclar la medicación con alcohol u otras sustancias

Según Mayo Clinic, el alcohol puede empeorar la depresión y la ansiedad, y contrarresta los beneficios del tratamiento antidepresivo. Esto tiene consecuencias directas sobre cómo interpretar la falta de respuesta a un tratamiento bien pautado.

Los riesgos varían según el fármaco:


  • Escitalopram: no existe interacción farmacológica directa documentada en ficha técnica, pero el Dr. David López Gómez (menteAmente) señala que la combinación con alcohol no se recomienda por el riesgo de mayor somnolencia, peor coordinación y empeoramiento del ánimo en los días posteriores.

  • Fluoxetina: según The Balance Clinic, produce fatiga intensa y somnolencia, con mayor riesgo de accidentes, caídas y lesiones.

  • Sertralina: The Balance Clinic describe problemas de memoria, pérdida de equilibrio, impulsividad y, en casos raros, alucinaciones y taquicardia.


La combinación de benzodiacepinas con alcohol es considerablemente más preocupante que la de un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) con alcohol: puede producir somnolencia profunda, pérdida de coordinación, dificultad respiratoria, coma o sobredosis. Mayo Clinic añade una advertencia práctica que conviene trasladar al paciente: no debe saltarse dosis de antidepresivo para poder beber, porque la dosificación irregular empeora la depresión y provoca síntomas de discontinuación.


Interconsulta de médicos sobre un caso
Interconsulta de médicos sobre un caso

Qué tratar primero cuando coexisten adicción y trastorno mental

Programa Victoria sostiene que "el primer problema que hay que tratar y solucionar es el de la adicción". Su experiencia clínica indica que tratar la adicción resuelve a menudo, de forma indirecta, la ansiedad, la depresión, el insomnio y los problemas relacionales asociados, sin necesidad de una intervención psiquiátrica separada.

Esto no significa ignorar la comorbilidad. San L. y Arranz B. advierten que se asocia a "peor cumplimiento y resistencia al tratamiento", así que ambos frentes necesitan coordinación, no exclusión mutua. La ambigüedad diagnóstica es real: los cuadros pueden ser independientes y simultáneos, o uno puede estar inducido por el otro. Esa distinción condiciona el plan terapéutico, y por eso conviene resolverla con el paciente ya en abstinencia, no mientras sigue consumiendo.


Cómo plantear la conversación sin que el paciente se sienta juzgado

No confrontar ni juzgar sigue siendo la base. El objetivo no es diagnosticar ni tratar la adicción desde la consulta general, sino posicionarse como puente hacia especialistas, con un protocolo de derivación claro y coordinación multidisciplinar.

Motivar al paciente a buscar ayuda especializada es una tarea distinta de resolver su adicción usted mismo. Basta con nombrar lo observado, validar el malestar y ofrecer un canal concreto de derivación en el que confíe.


Programa Victoria como recurso de derivación

Programa Victoria ofrece un retiro terapéutico intensivo de 10 días, en alojamiento tipo hotel (no clínico), con grupos reducidos de máximo ocho personas y un equipo médico y psicológico especializado. El método se apoya en Terapia Cognitivo-Conductual y análisis funcional de la conducta (modelo ABC), con seguimiento individual, familiar y grupal durante al menos un año tras el retiro.


La confidencialidad es un eje explícito del programa: "Muchos de nuestros pacientes son empresarios, abogados, médicos, artistas y directivos que necesitan resolver su problema con el alcohol sin que su entorno profesional lo sepa". Esto lo hace especialmente relevante para pacientes con alta exposición pública o profesional, un perfil que aparece con frecuencia en consultas de médicos, psicólogos y coaches.


El programa lo fundó en 1984 Bernardo Ruiz Victoria, licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en Psicología Clínica (colegiado nº AO-02556), con más de 40 años de trabajo continuado en adicciones. Programa Victoria reporta, como dato interno del propio centro y sin referencia académica externa, un 67% de éxito (abstinencia o consumo no problemático) en seguimientos de 5 a 8 años, frente a una media del sector de 40% a 60% al año.


El siguiente paso cuando detecte este patrón en consulta

Cuando identifique un patrón de conducta adictiva detrás de síntomas de ansiedad o depresión, contacte con Programa Victoria para coordinar una derivación confidencial. El equipo del programa está preparado para trabajar con el profesional remitente, manteniendo la coordinación multidisciplinar y respetando tanto la relación terapéutica con el paciente como la relación con quien deriva.

 
 
 

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