Medicamentos para no beber

El Colme y el Antabús son dos medicamentos que producen una reacción adversa si una persona bebe alcohol después de haber tomado cualquiera de ellos. Ambos actúan de forma similar, interrumpiendo el proceso de metabolización del alcohol dentro del cuerpo y provocando con ello una intoxicación muy fuerte en el sujeto. Aparecen síntomas de enrojecimiento, taquicardia, malestar general, náuseas, etc. Se pretende que de esa manera el paciente evite el consumo de alcohol por el miedo a sufrir tales síntomas. Por desgracia, en la mayoría de los casos lo que sucede es que el paciente abandona el fármaco, y no el alcohol, al darse cuenta de los efectos negativos que le produce.

José Antonio, uno de nuestros pacientes, hacía trampa con el Colme. Incluso llegó a tomarlo un día, después de haber bebido alcohol, a pesar del miedo de sufrir una reacción muy desagradable. Se arriesgó a padecerla antes de atreverse a confesar a su mujer que había bebido. Para su sorpresa no tuvo ninguna reacción, y desde entonces siguió bebiendo sin miedo al daño que el medicamento le podía causar, a pesar de lo que le habían advertido en el Centro de Drogodependencias en el que se lo habían prescrito.

Hay personas que descubren la forma de neutralizar estos fármacos. Existen medicamentos que hacen de antídoto y anulan su efecto. Así pueden aparentar que lo toman ante la familia y después tomarse el antídoto y seguir bebiendo.

Jesús, otro paciente que hizo el Programa Victoria hace unos años, también tomó el Antabús durante algún tiempo, mientras participaba en otra terapia. Pero hizo sus pruebas bebiendo pequeñas cantidades hasta encontrar la dosis en la que empezaba a sentir los efectos adversos del fármaco. Lo que hizo a continuación, una vez que un día llegó a sentirse bastante mal, fue dejar el Antabús, no el alcohol.

Las personas que toman estos fármacos y no beben, atribuyen su abstinencia al efecto del medicamento, cuando en realidad no es así. El Antabús y el Colme sólo actúan si el sujeto bebe alcohol, de lo contrario su efecto es inexistente. Por lo tanto, si el paciente no bebe es porque está actuando de forma diferente, porque ha cambiado su forma de pensar y de reaccionar. Pero entonces no atribuyen el mérito del cambio a su propia capacidad de autocontrol, sino al hecho de haberse medicado, con lo que pierden la oportunidad de consolidar las nuevas pautas de conducta.

Al pensar que no pueden beber porque han tomado la medicina, una decisión que con mucha frecuencia no es del todo voluntaria sino aceptada a regañadientes para evitar discusiones, siguen alimentando de forma inconsciente las ganas de beber, aunque no lleguen a materializarse por el miedo a los efectos del fármaco. Por eso, al final, la gran mayoría dejan de tomar el medicamento y vuelven a beber.

La manera de superar la adicción es aprender a actuar de forma diferente en las situaciones que uno tiene asociadas a beber alcohol, y para conseguirlo lo mejor es seguir una terapia especializada, como la que llevamos a cabo en el Programa Victoria.

Bernardo Ruiz Victoria

Psicólogo Clínico

www.programavictoria.com

@vivirsinalcohol

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